¿A qué le teme Juan Orlando Hernández?

Vivimos en un estado de sitio; aunque los toques de queda cambien de hora, aunque la gente irrumpa en las calles con cacerolas y aunque la policía se ponga en huelga, la realidad es que nos tienen encerrados. Esta zozobra ya no se aguanta y se va poniendo peor. A inicios de la semana pasada cada aparición de Matamoros Batson en TV, se escuchaba en silencio y con expectación. Ahora cambiamos de canal cuando lo vemos, igual ya comenzó la Champions y ese señor nos tiene sin una respuesta satisfactoria y hasta da cólera verlo.

Lo mismo pasa cuando aparece JOH, del alegre animador que nos enseñó la dinámica de la X y la Raya mientras se bamboleaba frente a una pequeña cantidad de seguidores en su primera aparición del 26 de noviembre, pasamos a ver a una estatua impávida, sin emociones ni reflejos. Atrincherado en el discurso del voto rural y con la fe puesta en las cientos de miles de personas que habitan en las grandes “ciudades” (léase con sarcasmo) del occidente del país, JOH no pretende ceder ni un milímetro. Y parece aferrarse desesperadamente al poder, confiando en que la vía del fraude le ha funcionado antes y esperando un error de sus adversarios que les cueste el apoyo del pueblo. Hasta ahora ni el fraude logra consumarse ni el pueblo parece renunciar a su exigencia de democracia y transparencia, amparado en la convicción de que con 60% de las actas dando el triunfo a Salvador Nasralla, es imposible revertir la tendencia y se mantiene en permanente movilización para expresar el descontento con la crisis que se está desarrollando. Pero a JOH parece no importarle. Y esto obliga a reflexionar en los compromisos que tiene el actual gobernante y que lo presionan a no soltar la silla presidencial:

  1. Los acuerdos económicos con el FMI. Si los ajustes fiscales y los paquetazos fueron poco, JOH trae en sus 4 años más, políticas acordadas con el Fondo Monetario Internacional, como la reforma al Banco Central de Honduras y la continuidad a las políticas neoliberales que garantizan el pago indiscutido de la deuda externa con el Fondo.
  2. Sus negocios con el Estado. Juan Orlando Hernández pasó de ser un político de carrera a empresario involucrado con la actividad del Estado. Prueba de ello son Banrural (de quien es socio) y la Fundación Vida Mejor que canaliza buena parte del presupuesto de asistencia social y es administrada por familiares cercanos.
  3. Compromisos geopolíticos. El gobierno de JOH se ha alineado a la perfección con los intereses estadounidenses en la restauración del bloque conservador como contraparte a la integración progresista latinoamericana liderada desde el sur. A tal punto que la ex canciller Delcy Rodríguez le tuvo que recordar algunas cifras al canciller Rosa Bautista en una sesión de la OEA.
  4. El miedo a ir preso. El más lógico y no menos importante. JOH violó el artículo 179 y el artículo 2 de la constitución al participar en este proceso electoral. La reelección sigue siendo ilegal en Honduras. El delito de traición a la patria no prescribe y JOH sabe que puede acabar en el pozo.

Del mismo tamaño de estos compromisos deben ser nuestras aspiraciones por tener una Honduras mejor, Juan Orlando Hernández no va a ceder, pero si nos organizamos, si confiamos en la capacidad del volcamiento masivo a las calles, si nos comprometemos con hacer cumplir nuestra voluntad a como dé lugar, nosotros, pueblo hondureño, lo podemos vencer.

 

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